El peso de la rima

Perseguí a la cucaracha entre cortinas y vapores de veneno, hasta que el asco me dio alas. Ella saltó hacia la terraza en un último alarde de ebriedad, y yo, dispuesto a todo, me lancé al vacío de la oscuridad. Mis ochenta y siete kilos impactaron sobre el mosaico con un estallido seco y viscoso; el insecto no fue rival para mi gravedad. Ahora, mientras las hormigas se reparten el botín, preparo un mazo y un poema. Quiero ver si las próximas, antes de ser pulverizadas a martillazos, son capaces de entender la métrica de su propia muerte.

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