El Peso de la Culpa

En el silencio, donde el alma se quiebra,
la culpa susurra, sombra que celebra.
Un eco que hiende, un nudo en la entraña,
un grito mudo que el corazón engaña.

No es cadena visible, ni yugo de acero,
más su peso doblega más que el desespero.
Se clava en el pecho, punzón sin clemencia,
tejiendo en la mente su oscura presencia.

Es el rostro que vuelve en la noche callada,
la palabra no dicha, la mano cerrada.
Es el “si hubiera” que quema en la frente,
el eco del daño, perenne, presente.

No hay juez más severo que el alma que llora,
ni cárcel más honda que su propia aurora.
La culpa no duerme, no encuentra reposo,
es brasa que arde en el tiempo viscoso.

Más en su tormento, un destello se cuela,
un rayo de gracia que el alma consuela.
Perdonar es el puente, frágil, pero cierto,
que lleva al culpable de vuelta al abierto.

No borra la falta, no limpia la herida,
pero alumbra el paso hacia nueva vida.
La culpa, pesada, será siempre carga,
más el corazón libre su vuelo alarga.

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Muy hermosas palabras de gran entereza.

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Hermoso poema sobre la culpa que cargamos en algún momento…

Me gustó el final, con un halo redentor que nos libera.

Un saludo, Dana!

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