En el ocaso de la vida, cuando la puesta del sol enrojece pálidamente el horizonte, y el manto de la noche cubre el cielo lentamente, es el momento en que cierto silencio invade nuestros sentidos. Pueden ser instantes de ensoñación, de recuerdos que ya no volverán, tal vez de amores perdidos o de esperanzas que no se alcanzaron. Es sentir que la vida ha sido un suspiro. Es decir adiós a una juventud que no regresará y sólo queda el consuelo, si acaso, de poder ver un nuevo amanecer que permita contemplar si nuestras manos temblorosas están llenas de algo que se pueda ofrecer.
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Emoción comprimida en unas líneas. Me encantó.
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Muy agradecido por tu visita. Un abrazo.
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La vida se va, se pierde y no vuelve es un tesoro que se diluye en nuestras manos. Hermosa reflexión. Felicidades
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