El lenguaje consciente

Imagen GEMINIGOOGLE

Fernando Giraldo de Andrés

01/08/2026

El lenguaje consciente

Mi lenguaje consciente no revela el ser humano que soy. Debajo de las palabras existe un inmenso territorio de pensamientos, emociones, recuerdos, impulsos y silencios que guardo con celo. He decidido mantener la distancia entre lo que pienso y lo que digo.

Evito exponerme a la claridad. Descubrirme. Convivir con la verdad que mis propios pensamientos han construido para mí.

Altero las fotografías sepias que me devuelven los recuerdos. Converso conmigo mismo en un silencio absoluto.

Las noches de insomnio las paso mirando al techo, sobre un camastro mugriento de muelles vencidos que gruñen mientras, al otro lado de la pared, las calles permanecen a la espera de que miles de pasos anónimos vuelvan a pisarlas.

Mi historia es una entre mil. No hay nada épico en ella.

Mis padres siempre han estado ausentes, incluso cuando estaban en casa. Sus frustraciones provocaban cambios radicales en cuestión de minutos y nos dejaban, a mis hermanos y a mí, pegados a las sillas de una mesa que filtraba por sus cuatro esquinas el frío de la refriega.

—¡Tú nunca llegarás a nada! —me gritaban cuando trataba de apaciguar los ánimos en favor de mis hermanos.

Cuidar de mis hermanos me obligó a madurar antes de tiempo. Descubrí muy pronto que el silencio era un buen escudo para sobrevivir. Con los años me convertí en un experto en el lenguaje no verbal. Aprendí a interpretar una mirada antes que una frase, un gesto antes que una caricia.

Nunca me faltó la comida; las palabras amables, en cambio, apenas lograban sostenerse un instante en el aire.

—¿Todo bien?

—Sí, afortunadamente.

Proyecto con vehemencia sobre los demás una oscuridad neurótica que me niego a reconocer en mí. Repito acciones impulsado por no sé qué hasta asegurarme de que todo permanece en su lugar.

Antes de salir de casa ensayo frente al espejo los gestos y las expresiones que los demás consideran normales.

—Buenos días. ¿Qué tal el fin de semana? —pregunto a mis compañeros de oficina con una sonrisa cuidadosamente ensayada.

—Bien. ¿Y a ti? —me preguntan a su vez.

Las alcantarillas se alimentan del mismo vapor que mis espacios oscuros. Bajo al metro y me cruzo con grafitis subrayados que no me preocupo de leer. El vagón huele a sudor, a prisas, a sueños que desconocen haber muerto hace ya mucho tiempo.

La noche refresca los pocos árboles que el ayuntamiento no ha hecho quitar. Las persianas permanecen cerradas; prefieren no saber, dejar que la vida siga su ciclo.

De nuevo me acomodo en la cama y empiezo el inventario del día. Sobre mi techo, los tacones de una mujer interrumpen mi soledad. Nos hemos cruzado unas cuantas veces en el ascensor y nunca me he atrevido a decirle nada. Al poco, las tuberías de la ducha crujen como si fueran a romperse. Abro la ventana y un olor a leche quemada me corta la garganta.

Vuelvo a acostarme. Estoy nervioso. Aprieto la mandíbula.

Recorro una ciudad que detesto.

Hay zonas donde el sol no llega y la arquitectura se convierte en nichos.

Compruebo tres veces que la puerta está cerrada.

Miro al techo. Se ha quitado los tacones, pero aun así la oigo ir de un lado a otro. Abre la ventana. Me lleno de valor y me asomo a la mía.

De repente, una voz de mujer me saluda.

—Buenas noches. ¿Le he despertado?

—No… Sufro de insomnio.

—Yo también. Por cierto, ¿cómo se llama? Nos hemos cruzado en el portal y aún no sé su nombre.

—José… José Francisco —dije titubeando.

—Yo soy Alicia.

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Me dejó pensando. Hay gente que vive entera por dentro y por fuera solo sonríe. Ese silencio que usas de escudo se siente en cada línea. Y esa ventana… a veces tres segundos bastan para que alguien te vea.

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Haces un camino envolvente que visita la vida, no importa en que momento se lea es real.
Un gran saludo.

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Muchas gracias por leerlo con tanta atención. Me alegra saber que el relato te dejó pensando, porque era justo lo que buscaba. Tu reflexión sobre la ventana me ha gustado especialmente; a veces un instante basta para romper un silencio que parecía inquebrantable. Gracias de verdad por dedicarle tu tiempo.

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Muchas gracias por dedicarle tu tiempo y por compartir una opinión tan bonita. Me alegra saber que el relato te ha transmitido esa sensación de realidad y que el camino del personaje te haya resultado envolvente. Comentarios como el tuyo animan a seguir escribiendo. Un fuerte abrazo y gracias de corazón.

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Querido amigo: Entiendo perfectamente tu escrito y creo que todos estos hechos abunda en muchos hogares. Ojalá la vida fuera distinta para todos. Es el precio que unos y otros hemos de pagar por vivir. Tu escrito es perfecto. Un fuerte abrazo.

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Qué interesante!!! No suelo leer la sección de relatos, pero me ha sorprendido mucho el tuyo. Muy bien escrito, y la introspección que ahí expresas sería aplicable a muchos de nosotros. Me he sentido identificado. Tiene reflejos de oscuridad, pero también luminosos. Y el final es esperanzador, dejando muy buen poso…

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Muchas gracias por leerlo y por tus palabras. Me alegra que hayas conectado con el relato y con el fondo que intenta transmitir. Ojalá, como dices, la vida fuera más amable para todos. Te mando un fuerte abrazo.

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Muchas gracias por darle una oportunidad al relato y por compartir tu impresión. Me alegra especialmente saber que te has sentido identificado y que también hayas encontrado esa pequeña luz al final. Gracias de corazón por tu lectura.

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De verdad, sorprendente, agradable e interesante. Lluvia de ideas …
Un silencio que esconde pero habla. Felicitaciones.

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Es un relato que duele, pero que también abraza a cualquiera que alguna vez haya tenido que fingir un ‘buenos días’ mientras lleva el universo a cuestas.

El tono de tus palabras engancha y fluye como una melancolía constante.

Un gusto leerte.
Saludos :slight_smile:

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¡Muchísimas gracias por tus palabras! Me alegra enormemente que te haya parecido sorprendente e interesante. Y esa frase tuya, “un silencio que esconde pero habla”, me parece sencillamente poética y resume mejor que nada lo que buscaba transmitir.

Muchas gracias por un comentario tan bonito y profundo. Me alegra y me llega al corazón saber que el relato logró transmitir esa mezcla de dolor y abrazo, y que la melancolía de la historia conectara contigo de esa manera. Saber que la lectura te ha dejado esa sensación es el mejor regalo para quien escribe.

Un abrazo grande y el gusto es mío por tenerte al otro lado de las palabras.

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Es el retrato de la vida de muchos de nosotros…sobre todo en la ciudad, más alienante que en los pueblos.
Pausadamente has descrito sin estridencia esa vida gris, ausente y repetitiva, pero afortunadamente, al final se presenta un hilillo de luz…

Muy bueno e interesante el relato, Fernando.

(PD: "Este párrafo me recordó, viviendo en la ciudad, un vecino de al lado, cada vez que se iba por las mañanas y tenía una costumbre, cuando echaba la llave, decía tres veces: “cerrado, cerrado, cerrado…”)

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Hola María,

Muchas gracias por tu comentario sobre mi relato y por compartir esas reflexiones tan interesantes. Me alegra mucho saber que el retrato de esa vida cotidiana y la pequeña luz del final te hayan llegado de esa manera.

También me encantó la anécdota del vecino y su costumbre al cerrar la puerta; son justamente esos detalles cotidianos los que le dan tanto sentido y verdad a las historias.

Un cordial saludo,
Fernando

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