En la puerta de tu casa
hay un jardín muy triste.
Y en tu palabra última
un sueño calcinado
de blancas estatuas.
No hay dirección
para esta sed,
no hay aguda
ni absoluta luna.
Medio jazmín muere
en medio tormento,
se desvisten
aniquilados cristales;
hieren sin memoria
carne y hueso,
hieren sin memoria
ni cuidado.
Despojados de humedad y tierra
de espacio, de razón pura.
No recuerdo el humo,
ni la circulación
de mis angustias.
No recuerdes cuánto tiempo
en la ciudad recién pintada
ni en el vacío
de los desolados nidos.
Sólo el rocío siniestro
cae tan hondo en el vacío.
Sólo el tiempo secuestra relojes, sólo el tiempo.
En la puerta de tu casa
hay un jardín
de estrellas verdes,
y en tu vestido
el rojo violento
de mis ojos cerrados.
Sólo nosotros
volveremos desde tan lejos,
sólo nosotros.