El hombre, ese hombre
-sombra de su sombra-,
es un caballero andante
de triste figura
sin armadura.
Con los harapos
de su propósito,
que se adentra
en la planicie
del destino.
En busca
de esas verdades silenciadas
en los pliegues del alma.
En el tiempo que no tiene
solo encuentra
los desgastados pasos
de unos sentimientos
sin certezas, ni respuesta
que alivien el cansancio
del caballero andante.
Pippo Bunorrotri