Un gavilán sostiene en los altos altares
del viento un soliloquio mágico.
Sube a lo alto, por los cauces secretos del aire,
empujado por el enérgico júbilo del vendaval.
Es un pájaro hecho de sombra y luz,
que esparce la cadencia de su canto por las orillas de la lluvia.
Chilla su elegía en los cielos íntimos de las arboledas
bajo el amparo de la sombra de los cedros.
En la hermosa sangre del ocaso espera el gavilán a la enlutada noche.
Y a la mañana regresa a las regiones de la aurora, bordeando
por las fronteras del horizonte, entre las ramas y las riberas.
En los epílogos de la esperanza vuela el gavilán.
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Una belleza tu gavilán. Diríase escrito por el ojo observador de un cetrero. Aplausos.
Hermoso ! Su vuelo en tus versos es tan vívido…
Buen domingo, José Antonio!
Muchas gracias por la lectura y amable comentario.
Muchas gracias María.
Te deseo lo mismo.
Impresionado con tu poema. Esa transición entre la ‘sangre del ocaso’ y la aurora es pura magia visual.
muy bueno
Buen domingo
Una alegría el comentario del poema.
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Gracias amigo.
Lo mismo te deseo.
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Tus versos se elevan en el vuelo de aquel gavilán que surca los cielos. Hermosos versos. Saludos cordiales. ![]()
Muchas gracias.
Saludos.
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