El cartel

En la calle aún quedaban restos de la última contienda electoral.
Junto al colegio, un cartel:
“PRIORIDAD NACIONAL”, en letras grandes.

Por desgracia, los niños lo entendieron.

Ese día rodearon a mi hijo en el patio. Cuatro contra uno.

—Tú no eres de aquí.
—Tú no cuentas.
—Vete a tu país.

Primero empujones. Luego risas. Luego el golpe.

Ocho años, y ya sabía lo que era quedarse solo.

Al llegar a casa no lloraba fuerte. Lloraba hacia dentro.

—Mamá… ¿yo soy menos?

Miré su cara, sus manos pequeñas,
y pensé en esas palabras demasiado grandes
para cuerpos tan pequeños.

Porque a veces no hace falta explicar nada.

Basta con repetirlo lo suficiente
para que incluso los niños aprendan
a quién dejar de querer.

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Descomunal, la decadencia de este tiempo se siente rn todas las regiones y en todas las edades. Aplausos :clap:

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Leí el texto y me pegó duro. El cartel “PRIORIDAD NACIONAL” no estaba en la calle. Estaba ya en la cabeza de esos cuatro niños.

Lo que más me apuñala es la medida: Ocho años, y ya sabía lo que era quedarse solo. Ocho años. A esa edad yo creía que el país era el mapa de la escuela.

Y el remate no grita. Susurra: Basta con repetirlo lo suficiente para que incluso los niños aprendan a quién dejar de querer. Ahí entendí que la violencia no empieza con el golpe. Empieza con las letras grandes que un niño lee y otro repite.

No hace falta explicar nada. El texto ya lo dijo todo.

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