El mundo del ayer
se muere en el suspiro
de las horas que se apagan
y las páginas de su historia
se queman en los rastrojos del tiempo,
mientras el nuevo mañana
se acostumbra
a una nueva amargura
a una nueva ilusión
y la sombra del olvido
borra las huellas dejadas
de ese ayer que fue un mañana
que ya es ceniza.
No habrá huellas
en la arena de la playa
que las olas arrastren
con su espuma blanca
si el mañana nace muerto,
ni abra amaneceres
que dibujen albas diferentes
pues la razón
de lo que fue realidad gigantesca
se desvanece en el soplo
de este viento nuevo
de este mundo viejo
con su ruido
que no es nada diferente
al ruido del ayer.
La vida de ese ayer
que fue mañana
y de ese mañana
que ser ayer
se retira cansada
herida y vencida,
sintiendo
que el ruido del mundo
son golpes que dejan heridas
convirtiendo el silencio
en cotidiano.
Pippo Bunorrotri 28/01/26