El alma que cabalga
Entre hierbas, un frondoso árbol, la cabeza apoyada en el tronco del amigo, hoy la busco en el silencio, entre pieles de mi cuerpo; en la intimidad la añoro.
No la encuentro, sin ella siento que la vida se diluye, como espuma de olas bravías. Ella es razón de movimiento y reto; un conjuro que quita el velo a los sentidos.
El pensamiento se despega de mi cuerpo en decadencia, que palpita por la luz de esa, que anda, no sé dónde.
Está extraviada, ni mi nombre ya pronuncia,
no la siento, está fugada. Espero amorosa,
que retorne con más bríos, me traiga un sol radiante, hojas que bailen joropo, montañas que griten cascadas, ríos que aplaudan caudales y lluvia que rompan silencio.
Subo la cabeza, allí la veo, es mi alma.
Sonreída y burlona, al saber que la encontré, dice tímida, asustada: siempre te llevo encima, sobre mi lomo, cabalgando nuestros sueños.