Dolor de cabeza

Veré a mi mujer. Pronto, decía. Estaba dentro de un taxi rumbo al trabajo de mi esposa; un hospital. Le daré una sorpresa. Tiempo que no hacía esto. Era febrero de este año. No habían pasado más de cinco minutos del trayecto cuando el calor intenso del mediodía, junto con las lunas polarizadas y el aire acondicionado, me causaron una sensación de ahogo. Pedí al chofer que abriera las lunas. Inspiré profundo, sentí el aire, inspiré de nuevo, respiré mejor. Cerré los ojos y traté de descansar porque el viaje demoraría más o menos una hora, desde Breña hasta El Agustino. Otra vez, repetí, otra vez, no puede ser. El pelo, corto y trinchudo, empezó a jalarme la cabeza. Cerré más los ojos, sentí más las sienes, sus latidos, golpes de martillo cada vez; empuñé con ambas manos cruzadas el cinturón de seguridad; mientras, recostaba el cuello y la mandíbula, contraídos; los dedos de mis pies, prensil, se aferraban al piso del auto. Estrujado, en espiral. Me salieron lágrimas.

Señor, señor, ¿está bien?, dijo el chofer; si no, paramos. Con esfuerzo respondí que no.

Entreabrí los ojos. Ya estaba cerca: a media cuadra antes de doblar quedaba la Corporación, el “Hospital de mis amores” le llamaba ella. El auto frenó. Y el vigilante del nosocomio parecía que ya me estaba esperando. Abrió la puerta. El timbre fuerte de emergencia sonó; aumentó mi vértigo. Otro vigilante traía una silla de ruedas. El chofer con premura soltó el cinturón, mis manos cruzadas; y, entre brazos, como cargando un feto, chofer y vigilante me acomodaron en la silla de ruedas. Soltado, escuché por detrás la voz más linda de esta tierra: ¡Carlo! ¡Mi amor! ¡Carlo! Un hada con mandil blanco, hacia mí. Perdí el conocimiento.

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Un relato que va aumentando su intensidad…e interés…por ese final inesperado…

Un abrazo, querido Carlo! :hugs::heart:

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¡Gracias amiga! Siempre me emocionan tus comentarios. En este intento de relato.
Un gran saludo desde el Perú :slightly_smiling_face:

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Amigo, poeta y doctor, espero que el peligro haya volado de su cuerpo como el«gavilán cafe que canta sobre el calvario » o como gaviota beige que espanta las sombras en su barrio. Un abrazo hermoso y amplio para Linda coral y un aplauso para su letra efervescente y real.

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¡Amigo lindo! Un gran abrazo. Siempre. Con admiración y cariño
Gracias amigo.

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