Llegó hasta el final del embarcadero y se sentó a contemplar el mar.
Estaba completamente solo. O al menos eso creía…
- ¡Hombre! Cuánto tiempo…
Miró a su alrededor. No había nadie. ¿Era el mar quien hablaba?
Sacó el móvil para hacer una foto y de paso, revisar sus mensajes.
- Veo que siguen cayendo peces tus redes, marinero…
(Otra vez esa voz.)
- …pero ninguna como ella.
- Ella decidió irse.
- Más bien, la echaste.
- ¿Por qué lo dices?
- Cuando una mujer que arriesga por amarte,te descubre en brazos de otra…creo que la frase “necesito tener mi margen” no es precisamente, luchar por retenerla.
- No fue exactamente así… y ella no lo entendió…
- Lo entendió, te lo aseguro. Y las veces anteriores, también. Sólo que esta última, se dio por vencida y te dio márgenes infinitos; como los míos.
- Mira, tú no entiendes nada. No sabes nada. Ella tampoco es una santa.
- ¿Santa?¡Menudo aburrimiento, para nada! Si es pasión, fuego, a veces un diablillo… y también un ángel, tu ángel custodio… Si un ángel es herido y renuncia a sus alas, es desterrado. Pero Dios no te dará otro. Asigna uno por cada alma. Sin más. Si te lo cargas, te quedas solo.
- No me vengas con rollos. La vida es disfrutar el momento. Y yo, no me voy a privar de nada.
- De momento, has prescindido de la única persona que te hacía feliz.
- Ella no era libre.
- Ni tú, que eres esclavo de tus instintos.
- La conocí tarde…
- . …y la perdiste pronto.
- ¡Ya vale! La vida hay que aceptarla como viene y disfrutar el presente. La felicidad es no pensar en el pasado ni el futuro y vivir a tope el hoy.
- Te equivocas: la felicidad es volver sano y salvo del pasado, para disfrutar serenamente del presente buscando conservar a nuestro lado a las personas con las que ilusione vivir un futuro.
- ¡Joder! Hablas como ella.
- Soy un poco ella, un poco tú…
- ¡Cállate ya! Ahí te quedas con tus olas y tus consejos no solicitados. Me voy.
- No podrás librarte de mí.
- ¿Quién demonios eres?
- Tu voz interior.
María Serrano