Es de esos días donde me gusta autoflagelarme.
Bastante confeti en los párpados de otoño.
Y no hay nada que se le pueda hacer.
Soy un sentimental compulsivo.
Tiendo a abrirme desde el pecho las capas de piel y encarpetar el camino del corazón con aquello que me hace desgarrar de bonito.
Se también,
que soy ese alguien quien debe pagar,
el capricho de las cosas que solo dicen que pasan,
el apellido del diablo,
los cambios con fuero malditos.
Me place recoger los frutos podridos,
lo mucho que cada vez,
todo me importa menos.
Las tantas islas entre yo y los otros,
los laberintos sin cielos grises,
son los mismos márgenes para todos,
que si el amor es una piñata,
por defecto seré el crucifijo
y el piromaniaco que la explota
antes de que poco a poco
la destacen a palos