Desnudez
Véala allí, desnuda, en la arena de un mar cualquiera, las olas embravecidas le han quitado el ropaje.
Yace su cuerpo despojado de las ataduras que frenaban sus vuelos. Y ahora, en la quietud, como auténtica ostra, abre su calcárea cobertura y entrega a la brisa marina, la sonrisa que tuvo guardada,en el cofre de la autenticidad más íntima.
Su frágil traje de vidrio mohoso, al vaivén de las olas y los sueños, se convirtió en harapo, en desechos de tiempo y cayó silente, sin ruido, no movió un solo sentimiento.
Desnuda en la arena tibia, reconstruye su alma viajera, alivia los pesos, libera los temores, olvida pesares.
No le avergüenza, no tiene pudor, no quiere tapar su desnudez, siente complacencia y agiganta el deseo de alcanzar la cima de la montaña más cercana, abrazar el aire frio, hacer un guiño al sol, dejar una nota a la luna “amiga, está noche tráeme tus luceros” y reir con tanta fuerzas que el eco traiga la imagen del traje nuevo tejido con pasiones.