Salió pronto. Llevaba la blusa repleta de flores. Saltaban los pétalos, suavemente, caían sobre los bancos de niebla. El bar estaba vacío. Pidió una copa de coñac. Le ofrecieron el periódico, mientras el colibrí libaba el polen. De un trago apuró el espeso licor sanguinolento. Ardía el polen en la garganta cuando salió del bar. Llevaba el bolso repleto de jazmines. Por la ancha ladera, poblada de arbustos, remontó hacia la Plaza Catalunya. Llegó pronto. Tocaba Extremoduro, no cabía un alfiler en su boca. Estaba perpleja recordando el escenario. Cayó de espaldas sobre el estanque. Dejó allí el cuerpo. Recordaba Deltoya.
Contemplando el cuerpo regresó donde no había nadie. Sola en un banco escribió en la libreta: «Te amo». Cayó una gota en el océano. Pasaban los primeros autobuses. El metro estaba abierto. Había mesas y sillas en las terrazas. En algún lugar había un jarrón con flores flotando sobre las aguas.