De mi alma en tu rostro veo el reflejo,
como herido de guerra transfigurada.
Tal que un pino sin bosque,
una luna sin noche.
Perdido en la penumbra,
oscuro andar de crepúsculo,
lidiaba yo con el camino
en busca de tu haz celeste.
Y por un mar de atroces olas,
el bosque he traído
y con la antorcha que
con tu amor prendiste,
la noche he encendido.