Críptica noche.
Arrebatadamente abro la puerta de mi cabaña.
No había nadie.
—Juré haber escuchado dos golpes—.
Pensativo, me recuesto en el sillón y observo el cuadro del Rey Vizante II; majestuoso, emana la gloria de mil hombres, una solemnidad antigua que parece oprimir el aire de la sala.
De súbito, mi cuerpo se yergue al oír cómo algo rasga la puerta, como si las garras de algún animal hubieran afilado sus uñas en ella. Un solo sonido bastó: entumeció mi ser.
Despavorido, pálido, quedo perplejo ante la situación. Miro fijamente la puerta cuando, entre el haz de una luna clara, se desliza un papel que pasa por debajo de ella.
¡Por Dios! Tiemblan mis manos, aunque instintivamente recobro fuerzas y avanzo unos pasos.
El silencio vuelve a imponerse. Nada se oye afuera; solo la noche, vasta y solitaria.
Al alzar el papel, entre curiosidad y asombro, distingo una oración breve, escrita con un pulso nervioso:
“¿Me permite ingresar?”
Una frase corta y concisa. La incertidumbre se apodera de mí y, con temor y rapidez, cierro con trabas puertas y ventanas.
Las horas se vuelven tortuosas. Permanezco en medio de la sala, cayendo en la paranoia, oyendo ruidos donde no los hay.
Dejo la carta sobre la mesa. La noche parece dormirse; el ambiente, por fin, se aquieta.
Pero algo me inquieta.
Siento unos ojos poderosos acechándome la espalda, respirándome en la nuca. Sudo… o creo sudar: gotas imaginarias resbalan por mi rostro.
Giro apenas el rostro y, de reojo, observo el cuadro.
Ese cuadro que perpetra mi mirada.
Me acerco, hipnotizado, hasta quedar frente a él.
Y entonces comprendo que ya no soy yo quien lo observa.
¿Estoy enloqueciendo?
Me detengo una vez más antes de retirarme. Lo observo, y esta vez no dudo: sus ojos tienen un tono más claro. No es la luz. No es el reflejo. Estoy seguro.
Retrocedo un paso.
¿Qué estoy diciendo?
El sueño y la situación me están destrozando. Me repito que es una pintura, solo una pintura.
Sin embargo, cuando finalmente me aparto, siento —con una certeza que me hiela— que algo en la sala ha quedado satisfecho.