Criptas a pie de calle


Imagen ChatGPT: Infierno urbano bajo un cielo enfermo

Fernando Giraldo de Andrés
14/08/2026

Criptas a pie de calle

I
Lo sagrado se pudre.

Reposan mis huesos sobre una iglesia desacralizada.
Recibo el bautismo inverso que me condena
en lugar de salvarme.

Me contorsiono y echo la bilis
que el mundo me ha obligado a tragar:
una resina viscosa,
ácida y rabiosa, que despierta a los muertos.

Las calles se vuelven callejones oscuros
donde Dios no quiere entrar.
El sol oculta su mirada detrás de un velo de brea.

Llamo a los ignorados,
que responden al grito
de los desposeídos.

No estoy triste:
estoy lleno de veneno acumulado.

Hablo del aislamiento,
de la rabia, el dolor y las náuseas
de quien nace rechazado
por un mundo que ya ha decidido por él.

II
La ciudad se pudre.

Cuando el paisaje desaparece,
desuello la oscuridad sanguinolenta
que babea sobre los caídos.

Vivo como un proscrito,
en una urbe
que oculta su dorso podrido.

No hay Dios al que acudir,
las ventanas están tapiadas con cartón.

No somos fantasmas:
el alcohólico bajo la marquesina, la prostituta en la esquina,
el vagabundo junto a una catedral podrida.

Los portales son criptas a pie de calle:
húmedas, estrechas, gangrenadas.

Hablar de atmósfera tóxica es vivir en un mundo que se desentiende.

Mientras la sociedad permanece ciega,
creyendo que todo está bien,
los desposeídos habitamos el subterráneo,
el pozo negro de sus entrañas:
portales, cajeros, callejones…
hasta que la hiel
se convierte en grito colectivo.

III
El cuerpo se pudre.

La mugre cala mis huesos,
olor a papel viejo,
ceniciento funerario,
cera fría.

Entre cajones olvidados,
pan duro.
Solo vegetaba.

Mi pecho es una cantera
de tabaco barato
que se seca lentamente.

El silencio trae el eco
de unos pasos que nunca llegan,
la fraudulenta promesa de un ataúd
ante el que nadie se detendrá.

Las expectativas tienen esquinas
blindadas
que devoran a los que esperan.

Duele estar vivo frente a la intima derrota,
frente a la misma miseria.

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El mayor de los templos está en la calle y no nos atrevemos a entrar.
No entiendo por qué.
No tenemos la obligación de dejar dinero a la entrada para visitarlo y sin embargo es el templo menos visitado.
Un gran poema que invita a no sentirte indiferente.

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Muchas gracias por tu lectura y por estas palabras. Me alegra saber que el poema ha conseguido transmitir esa invitación a mirar de frente aquello que tantas veces preferimos ignorar. Gracias por detenerte en él y compartir tu interpretación.

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Este final de dos versos, para mí, es el resumen de las tres partes.
Una mirada a esos ecos callejeros que no queremos ver…

Un magnífico poema desde tres vertientes.

Un abrazo, Fernando!

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María, muchas gracias por detenerte en el poema y, sobre todo, por esas palabras. Me alegra que hayas encontrado en esos dos versos el hilo que une las tres partes. Precisamente buscaba que esos «ecos callejeros» terminaran confluyendo en una misma mirada, aunque a veces resulte incómoda.

Gracias por leerlo con tanta sensibilidad y por compartir tu interpretación. Para quien escribe, no hay mejor recompensa que descubrir que alguien ha encontrado en el texto algo que quizá ni siquiera sabía que había dejado allí.

Un abrazo grande, María, y gracias de nuevo.

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Solo puedo decir que es un gran poema.

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Muchas gracias por tus palabras y por la lectura. Me alegra mucho que el poema te haya llegado.