El olor otoñal de la tarde que vuelve
es aroma a recuerdos que impregnan mi vida,
los segundos se preñan de risa fingida
y en la noche, indolente, mi luz se disuelve.
La memoria inmortal de un amor me revuelve,
su prestancia y candor velarán mi partida
¡se acabó la utopía a mi historia prendida!
y el color del otoño, la paz me devuelve.
En un tiempo en que el mundo me acoge y me absuelve,
la esperanza se aloja en mi mente perdida
y la sangre a mi oído me grita encendida
que la piel se me escapa y la arruga me envuelve.
Si me duermo en la noche y la luna se atrasa,
si me quedo dormido y me invento un imperio
y al dormir se me olvida el camino a mi casa…
Si en mis sueños escapo de un vil cautiverio,
y al abrirse los cielos el viento me arrasa
a las puertas abiertas de algún cementerio.
Un latido de amor me conforta y traspasa
dibujando en mi boca el final del misterio;
y al sentir su caricia el dolor se me pasa.
Águeda Molina
