Cielo en fogata
Cielo, compañero fuiste
de los más grandes delirios;
de un amor a hurtadillas
y de un beso a mil sabores.
De color azul centella y con
algodones suaves, recibías la
mañana con los destellos dorados;
y despidiendo al astro ya la luna
se asomaba titilando los luceros.
Mirándote de noche y día, nacían
las ilusiones, en la aurora suspiraba;
en el ocaso, el sol entraba en tus
entrañas y la vida renovabas.
Cuando perlas arrojabas
las hojas se sonreían;
las raíces se engrosaban
el verde caminaba solo y
el río corría perseguido
por la euforia.
Hoy el cielo no es mi cielo
lo cruzan pájaros negros;
ya no inspiran los amores
ni reverdecen los campos.
Ya sus vetas no son blancas
cambiaron a gris oscuro;
huele a humo y son candentes
sus gotas son indolentes.
La humanidad se arrodilla,
sobre escombros, tumbas son;
niñas y niños prendidos como
fogatas, ya con los ojos cerrados;
piden un cielo azul con estrellitas
plateadas.