Vienes, resuelta y desnuda.
Nuestro encuentro más profundo
será.
Fértil, dispuesta,
tu deseo humedecido
inunda tu gruta.
Consumado el rito,
no alcanzó
para un último soneto:
apenas para doblegar
los gestos de la niebla.
Convertidos en tributo
a los músculos exhaustos,
mis ojos continúan amando.
Vienes a consumar el rito.
Fecundaré tu vientre
con mi último suspiro.
Vamos a concebir
la no vida…
Mi mejor poema nunca consiguió
salvarme de mí mismo.
Que venga entonces un poema
que ya no se diga.