Sé, que la carta que escribo será para dársela al viento. Que quedará, al igual que otras, en lo más profundo de mi mente. Es en este lugar donde los recuerdos de oro se guardan bajo mil llaves. Te tengo presente como en aquel ayer recordando tu ternura y la dulzura de tu mirar. Sigo viendo la larga cabellera que te abrigaba hasta la cintura y que cuando corrías parecía que el aire la elevaba. Me siento tan cerca de ti, que, sin estar a tu lado, creo percibir el latir de tu corazón y hasta tu aliento noto en mi rostro. No puedo verte con los ojos abiertos, pero si los cierro, te veo a mi lado con nuestras manos cogidas igual que antes, igual que siempre. Soñábamos juntos grandes cosas, y sabes, cuando pienso en ti, sigo con aquellos sueños. Debajo de este árbol, donde escribo, es el refugio sagrado de mis pensamientos. Es donde me inspiro, donde me conecto y donde tengo contigo un contacto permanente. A veces me entristezco, y cuando mi perrita se da cuenta, de un lametazo me quita las lágrimas que de mis mejillas resbalan.
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Emotiva carta a ese amor que vivirá siempre en ti.
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Muy agradecido por leerme. Un afectuoso saludo.
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Ese refugio del árbol me ha emocionado…los recuerdos, a su resguardo…
Cala hondo, querido David. ![]()
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Gracias María. Es un placer que leas mis escritos. Un beso.
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Los recuerdos permanecen, nos reconfortan, reviven escenas que nos alivian. Un gusto leerte. Saludos cordiales.
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Gracias Sinmi, Si, hay recuerdos que ni los años los pueden borrar. U beso.
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El cierre:
Es un toque de humanidad y ternura absoluta. Rompe la melancolía con un gesto de consuelo real, recordándonos que, aunque vivas en los recuerdos, no estás solo en el presente.
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Muchas gracias Fernando. SÍ, hay momentos que me rompo y se escapa alguna lágrima que no se evitar. Un abrazo.
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