Canto por la tierra herida
Hombre insolente, atenta contra el planeta. Sabe que la humanidad vive aferrada al cosmos como pájaro a su rama. Nace colgada de la tierra en un abrazo que no se rompe; y si se rompe el naufragio es general. No hay ninguno que separado valga oro.
A lo lejos, hay manchas en montañas encendidas, sudan lava en despedida, la avaricia es desmedida. La vida se hace carbón, esperanzas se consumen, el fuego las aniquila; queda el desierto ignorado, con las plumas calcinadas, huyen los inocentes, huyen los delincuentes, cobardes; es su arte el ecocidio. Son ellos los que invaden la paz y despojan los ríos de sus aguas cantarinas.
Ellos
han destruido
al pájaro cantor.
Ellos
han arrancado
el verdor que es vida
Ellos
han construido un infierno
donde no cabemos todos.
Entre tanta destrucción pido:
la tierra sea un remanso,
los ríos se gobiernen solos,
las montañas suenen a cascadas,
la vida sea inviolable y la tierra
madre de todos porque
pisamos su suelo,
respiramos su aire,
y tomamos de su agua.
Mirar el horizonte extendido, con brazos abiertos para arropar el frío, una montaña que te conecte al silencio y te encuentres anudado al ser cósmico, o un mar que invite al delirio de cabalgar lomos de espuma; es el sentido de vida que nos reconstruye el mundo con el placer de los sentidos.
Ver la libertad surcando los espacios, hacer uso de corrientes libres, deleita el espíritu. Observar el pájaro acurrucado y poder decir: siente frío. Su cobija colgada de las plumas está empapada, aleteó al ras de las aguas, ahora quiere hilos de sol que peinen su plumaje. Es la vida necesaria.
Vida
abrázame fuerte
siémbrame
al pie de un
Araguaney
que sus flores
me cubran
de oro y resistencia
y el pájaro cantor
vuelva a su nido
sin miedo.