Camino sobre los cadáveres de los recuerdos,
que he matado en defensa propia,
sus sombras abrazan mis pies,
me arrastran hacia la niebla de lo que fue.
*
Es inútil el olvido,
surgen como muertos vivos,
en cada esquina de mis pensamientos,
desangrando las llagas abiertas,
ahogándome en susurros pasados,
enmudeciendo mi alma con su peso.
*
Busco el exilio de sus garras,
pero regresan, insistentes espectros,
que se nutren de mis miedos,
robándome la voz, dejándome muda.
*
Bestias que no duermen,
vuelven a morderme los ojos,
dibujan con sangre en mi mente,
y allí, en la oscuridad de mi ser,
se desnudan.
*
Cada paso que doy,
cada respiro,
lleva la marca de sus colmillos,
voces quebradas,
historias escritas en las tripas.
*
Desvanecida en su abrazo,
disuelta en su relato eterno,
imploro la paz de la amnesia.
Los recuerdos son el eco de mi ser,
indestructibles, indomables,
infinitos.
*
El silencio es su victoria,
la soledad, su testamento.
Camino descalza sobre sus cuerpos,
en esta danza eterna de sombras y fuego,
donde mi alma se disuelve,
donde yo desaparezco.
Amalia Beatriz Arzac