Recostado en hojas caducas,
bajo la sombra de ramas desnudas,
veo un cielo fragmentado,
y me entra una duda liminal:
¿Es éste estado eterno, o pasajero?,
esa duda se desvanece,
al oír el crujir de un transeúnt al pasar,
que no roba solo mis oídos por un instante,
sino también mi curioso mirar,
¿Está su mente fragmentada como el cielo,
como la mía en otoño?,
esa curiosidad se desvanece,
cuando de entre las grietas en la bóveda,
cae la última hoja,
y ésta responde con su vaivén al viento:
que su caída es un brote
del otro lado del mundo…