Gélida la Luna, derritada bajo nuestras manos, danza la libélula; anuncia el eterno retorno de septiembre bajo esas lindas piedras almendradas.
Cimientos aromáticos a tierra mojada recorren la historia. Lluvia, lluvia, la lluvia; añoranza para todos, apocalipsis para las memorias, período final de esa linda brisa de septiembre.
Si el viento tejiera otra existencia, te reconocería; el arpa de esa primavera es eminencia pura, porque esa piel de miel es imborrable, y mi dicha ante tus almendras, aborrecible.