Borne

¡La polilla mamá!
se posó sarcástica
sobre ese ángulo siniestro en tu alcoba,
solo por mi… para mí

ya sé que nadie limpiará mi pago
con la forma en que ensucian mi deuda,
oscurece y se paraliza todo ritmo,
mi estrella protectora resultó una traidora,
soy esa pelota golpeada de un lado a otro,
o quizá sea otro bufón en el punto culminante
de una crisis existencial,
nadie me salvará,
y mis tripas clamarán por un pan
de aquí a mi último suspiro

Soy un puto maestro en la vaina de Soltar,
debería serlo también,
en la vaina de Creer,
pornificaciòn por doquier,
esporas de desconexión,
helechos a prueba y error,
un grano de arena entre millones

Y si, envejecí lo suficiente
cómo para maldecir con justa razón,
en algunos casos el villano eterno
de una historia mal contada,
el tetrápodo disolviendo en aceite
a las personas que moraron
el monasterio de mis recuerdos,
una representación monzóna del Apocalipsis
la naturaleza que se regenera
pero en avalancha,
aleteoridad en el diván,
un asceta en el umbral,
un muy lastimoso adiós,
pues mis poemas no son para cualquiera,
ni la fortaleza de mis piernas,
en la nictemeral terapia de choque,
dónde renazco cada noche,
siempre inoculando
la misma canción

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Me inspiras te para escribir esto…

RAP

Mis piernas no aguantan
esta terapia de choque,
en la que cada noche muero
y renazco sin enfoque.
A donde alcance la cobija
será que me arrope,
esperando que esta bomba
contenida nunca explote.

No soy más por lo que tenga
ni lo que posea,
porque la vida se escapa
cuando parpadeas.
Este tetrápodo mental,
frío como brea,
sigue disolviendo
sus recuerdos en ideas.

Porque a la existencia
no le encuentro lógica,
menos cuando el universo
quiere controlar tu crónica.
A veces creo en Dios,
otras, en fuerzas diabólicas,
perdido entre la gente
cómo sombra anónima.

Me he tirado al abandono,
¡qué ironía, pana!
Debería creer,
pero siempre gana
ese miedo disfrazado
de certeza vana,
cuando el sol se oculta
y vuelvo a mi cama.

David Contreras

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