Befa en soliloquio

No, no podré invocar a Epafrodito
para dar de su estampa fiel retrato,
pues mi verso pretende, sin recato,
repintarlo asimétrico y fofito.
Mas pudiera un impulso tan barato
precipitar mi musa al finiquito:
que siempre en el frasco pequeñito
libó la musa suculento plato.
No será mi argumento su estatura,
ni abajaré mi pluma cual florete
de zumbón contra tal caricatura.
Al narigón tal vez mi verso apriete,
por más que en él ensucie su tersura.
Soneto será al fin. Y él… ¡sainete!

(A un “alto” eclesiástico, cuyo nombre callo)
(Epafrodito: nombre propio, común en la antigüedad clásica, que en griego significa: “amable”, “encantador”).

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¡Precioso! Y de rima ingeniosa.

Me gustan los nombres raros. Acá, en la ciudad de Maracaibo se dan los más extraños: Policarpo… Esso… Torkil… Saturnina (alias Nina), Pepsiódolo y, sobre todo, abundan los nombres griegos: los Aquiles, las Ifigenias, los Peleos, los Aristóteles, las Clitemestras, incluso llegué a conocer a un Odiseo.

¡Gracias por tu poema!

Saludos.

Al final un poeta siempre acaba hablando consigo mismo, pero hacerlo como lo haces tú, muy pocos. Un gran poema.

¡Muchas gracias! Tenía muchas dudas sobre esta astracanada, pero ya se ve que compensa ser sincero… Gracias por tu visita y comentario. ¡Feliz Navidad!

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Pues te digo lo mismo que a Alexander. Muchas gracias. ¡Feliz Navidad!

Bueno, lo de “feliz” es relativo… en todo caso, ¡Feliz Navidad para usted también!

Saludos.