Baile otoñal

Bailaban al canto,
en tierras borgoñas,
del soplo del viento.

Vagaban solas al triste ritmo
somnoliento de un noviembre largo.
Volaban, caían, perdían el rumbo.

Solitarias ninfas,
diosas de otoño,
imagen de un alma rota.

Color del café,
color de mis ojos.
Marrón pardo, intenso.

Y ahí, igual a las demás,
pero diferente a mis ojos,
volaba, caía, perdía el rumbo.

Era un soplo frío, inquieto,
la lágrima del suspiro,
de un árbol en luto.

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