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El atardecer duerme. Su amplio semblante
aparece por entre la calle
figura un ardiente corazón y un ala roja
¡todo es tan dulce ahora!
Sucede que cuando pido tu mano
ya está ahí como paloma en medio de la plaza,
como si de cada sitio estuvieras destinada para mí.
Hay algo tan cerca.
Y mi soledad se escapa, allá, a los huertos
donde crece todo con la savia de las nubes.
Es ahora todo tan suave, tan alto.
Ya todo tiene un sabor extranjero.
No hay nada quebrado en esa tarde,
una niñez extensa se me asoma y cruje.
De tus ojos, y lunares tengo hambre, camino
y hay espacio para la semilla
por esos dos pies blancos
va mi vida a pie.
He crecido hasta besar tus hogueras
y manos altísimas de sed y de mirra.
Hoy como ayer, seamos el lugar preparado para la lluvia.
Somos azares de espuma.
