Me fatiga el “lomismismo” que me embarga cada día.
La misma sombra, el mismo cuerpo y el mismo signo de apatía.
La ciudad me acusa de cruzarla en cuatro ruedas lisas
sobre un artefacto al que no cierran bien las puertas.
La misma multa, el mismo riesgo y hasta el mismo policía.
( Y en el ocaso mi recuerdo por la misma mujer muerta)
Alguna gente cree que no tengo que viajar a Buenos
Aires y parar en un alojamiento cinco estrellas.
Es urgente que me avoque únicamente a cumplir
ordenamientos emanados de goteras y desagües.
El mismo horario, la misma iglesia y el mismo sello sobre el formulario.
Alguna gente cree que no bebo wiskis de reservas.
Y que soy adicto a regalar libros y flores,
que mi fin único ha de ser soldar hilos de motores,
con minúsculos sensores en la inmensidad de un alfiler.
El mismo juicio, el mismo juez y una nueva renta de alquiler.
Alguna gente piensa que no gano premios por palabras en desuso que descubro en ignotos diccionarios.
El mundo es de los ilusos que se apropian de los verbos en modestos escenarios.
El mismo ruido, mismo discurso y los mismos pactos con el diablo.
Alguna gente niega la solidez del hormigón de la platea
y ahorran dos centavos en cemento.
(Me adelanta un sedán blanco y el que maneja me putea)
me amarga el día, —y yo que iba tan contento.
La misma rabia, mismo gobierno y el mismo emolumento.
Alguna gente duda que hay oráculos de astrólogos
y que paga bien la varieté de circos comunales,
por un solo acto de monólogo.
Mi comedia ya pasó la gorra en decadentes arrabales.
La misma música, las mismas voces y los mismos efectos especiales.
Alguna gente cree y me aconseja no presentarme en actos de memoria para no ser prosélito de izquierda.
La misma fórmula, el mismo eslogan, el mismo “atabo” y misma cuerda.
Alguna gente me aconseja no amar en demasía y manejarme con malicia por el tema de mi edad.
La misma noche, el mismo cielo y la misma… soledad.