Atenuantemente

Todos te roban -
Te roba el banco el sudor de tu frente,
El menudo que olvidas en la chamarra,
Ese cambio en el cuadrito del auto,
Cuando imprimes tu firma con letras tan pequeñitas, en incisos perdidos,
Microscópicos…

Y no es soltar por soltar,
Son las garras del cruel tiempo,
Es la forma de apartar de la pista,
Mis credos devastados, mis templos demolidos,
La puta hora en que arrebatarte,
A mis padres, a mis amigos, a mis hermanos,
La memoria de los rostros que esculpieron un pedazo de mi alma,
Los dulces hilos de mi propia biografía, una ardiente epilepsia de infancia,
Una díaspora de sonrisas, de trayectos hacia mi juventud.

Y no es la impotencia de quedarme vacío.
Los fantasmas son todo menos agradables a mi soledad.
Encarcele mi salvaje destino,
Gritar emociones, vestirme de fuego,
mi cuerpo no da para perseguir al perro y atrapar mariposas,
No le robé al estudio tardes de fútbol,
Fui sordo a la voz del impulso,
Callé carcajadas, me recaté de apetitos
De amar a la menor y primera provocación…

¡Maldita sea!
Guarde mi llanto y la voz de cada maestro,
A ese vértigo de jugar y no pensar,
A cantar, a bailar, a correr, a desnudarme,
A mis pasiones desordenadas,
Fui ciego a tantas señales,
Robe amarguras que al final no sirven de nada,
Temí asfixiarme, desgarrarse, sufrir,
Desvalijar aventuras propias de un loco,
Pensarte y desobedecerte tan poco.

Pero yo nunca pude, robarle a la vida,
Quizá por oírlos y darles la misma importancia que no merecen,
Quizá por miedo, quizá por pena, quizá por tonto,
Me despojé a mi mismo
De hablar todos mis idiomas
De florecer entre más cenizas,
Fuí dos entes chocando sin conocerse,
Parafernalia, un desierto, una avalancha de escalofríos,
La vida a la que le robé el agradecimiento, y el gozo de cada día,
Actuar como un buen soñador,
Y fluir como el agua del río.

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Uff, qué bien escribes!!!- Todo un bello desahogo poético, tu poema.

“Pero yo nunca pude, robarle a la vida,
Quizá por oírlos y darles la misma importancia que no merecen,
Quizá por miedo, quizá por pena, quizá por tonto,
Me despojé a mi mismo
De hablar todos mis idiomas
De florecer entre más cenizas,
Fuí dos entes chocando sin conocerse,
Parafernalia, un desierto, una avalancha de escalofríos,
La vida a la que le robé el agradecimiento, y el gozo de cada día,
Actuar como un buen soñador,
Y fluir como el agua del río.”