Armónico murmullo ayer rocío
con trance accidentado, del cristal
de briosos brillos, música vital
inyecta al insaciable pecho mío.
Cumbre en deshielo, dádiva su crío:
si Edén lo diezmo, pro de lo infernal,
alma suya reparte por igual.
Caritativo raudo yo me fío.
Del hondo manantial que con esfuerzo
cavara en el jardín de mi verano
siempre bebo la savia de su entraña…
Ay mísera inquietud: fugaz retuerzo melancólica sed de esposo ufano,
íntegro en sí… mi espíritu le extraña.