Sigo escribiendo,
ansiando leerte,
de vez en cuando
a Quevedo,
a De la Vega,
o al vecino del cuarto que deja notas en la escalera.
Ansío leerte,
de arriba abajo,
todas tus tragedias.
Ansío que me endulces con tus comedias
y que me des la mano mientras recitamos juntos nuestro poema.
Ansío que formes parte de mi novela
y escribir tu nombre en grande y en mayúsculas,
hasta que me duela la cabeza.
Ansío darte las gracias,
por darme la pluma y la hoja,
por poner mi mano encima del papel
y escribir la primera palabra.
Ansío tenerte entre mis manos
y que quememos poemas,
libros y estanterías,
solo porque sí,
solo porque no hay mejor poesía que la nuestra.



