Mucha agua
en
el allá
en
el acá mío
para amar tras un tsunami
para
salvarme del mal
del acá mío
mucha agua
en ese allá
Nado después de un tsunami
Mi universo tras el resquicio
ama en la luz del agua
Mi universo tras el resquicio
sin culpa
nada
soy yo
nadando tras el tsunami
amo, nado
P.D.
Con admiración. Inspirado en el poema Tsunami de la vida, Zenaida Sanoja (Varimar). Y con abrazo fuerte a @ludico1964
Gracias gran amigo, otro gesto invaluable de su parte. «hermano de la noche […] padre de sinuosos períodos que ya son laberintos y torres, padre de las palabras que no se olvidan, ¿me oyes, amigo no mirado, me oyes a traves de esas cosas insondables que son los mares y la muerte?»¹
Aplausos doctor amigo y poeta.
¹.- A cierta sombra, 1940; pág. 310, Obras completas Borges Jorge Luis.
Llegó y abrazó a su amigo. Su amigo de letras, de voz, de imagen, solamente. Hasta este momento. Ambos extendieron sus brazos al verse. Uno de ellos sintió que siempre lo había conocido. El otro sintió lo mismo. Pocas palabras dijeron. Sí una gran mirada. El uno, que llegaba de Perú, traía dos bolsas: una contenía un libro de Dante Aligheiri; y, la otra, contenía harina de cacao de sus orígenes y también biscuitas. El amigo sonrió todo azul. Como el lago cerca.
Uno blanco y el otro bien moreno. Se conocieron los dos en la pagina explayada rebosante de poemas y versos de payada. “El blanco levantó la voz y el negro no dijo nada” Su amistad ya estaba signada por el símbolo invisible del asombro cotidiano en el reflejo de las palabras.