Eres como esa amante silenciosa,
siempre presente en el pensamiento
llegando a ese sentimiento olvidado,
con el grito callado de tus palabras
estiras las estrías de la piel
y el deseo llenas poco a poco
de emociones sin palabras,
de sueños que palpitan
el sentir de la vida plena
habitando en la memoria.
Eres como esa amante silenciosa,
amada poesía, que habla
de ese ayer que es hoy,
de ese hoy que es mañana
escuchando el ruido del mundo
que será ese silencio que grita
en los versos de la poesía
que con mesura habla;
de ese sentir que viene,
de ese sentir que calla y se apaga,
de ese sentir sin adiós,
que dolor deja y cicatrices que escuecen
en la oscuridad de la noche
a esa hora en que el silencio se escucha,
a esa hora en que el recuerdo
evocación dibuja
en el cementerio del olvido.
Amada poesía
eres el Si y el No
de ese pensamiento
que hace que sientas
que todo encaja
en ese sentimiento
de lo imperfecto
de lo perfecto.
El autor no le escribe a la poesía habla con ella, como quien duerme con una amante que no hace ruido.
La define por contradicciones que sí encajan: grito callado, silencio que escucha, ayer que es hoy, lo imperfecto de lo perfecto. La poesía aquí es tacto sin manos. Estira la piel, llena de emociones sin palabras, deja cicatrices inolvidables.
Lo más fuerte: ese “cementerio del olvido” donde el recuerdo todavía dibuja. Porque la poesía no salva del olvido. Lo habita y lo nombra.