Me enseñaron a cuidar el jardín
a regarlo antes de mediodía,
en que cayera sobre todo un poco
no que cayera sobre todo la misma;
riega paciente y con cuidado,
no riega mejor el que más charcos deja.
Me enseñaron que en el jardín
son todo primos hermanos;
que la encina, que el jazmín,
el romero y los rosales
no son lo mismo pero son iguales,
como tus hermanos, tus primos,
los mellizos o los de los corrales
- no sois la misma persona
pero sois todos igual de animales.
Me enseñaron que el jardín
tiene habitantes y extraños
- no tengas miedo de la lombriz
deja en paz a las hormigas
ellas viven aquí
y tú en tu casa arriba
¿acaso te gustaría
que un gigante viniera
inundara tu casa
a añicos la redujera?
Deja en paz a las hormigas,
coge la manguera y riega.
Me enseñaron el jardín
para que ojos nudos lo vieran,
a la luz del mediodía
a la luz quieta y serena.
Y las palabras no siempre llegan
a esta lengua loca y queda,
creo que no agradecí
lo que me enseñaron con la manguera.
Me enseñaron que apretando de este lado
y apuntando hacia allí, a ciertas horas
hacía un arco mágico
a cierta horas regando
aparece un arcoíris.
Los ojos nudos en chiribitas
la mirada limpia y la boca abierta;
¡la primer arcoíris que nace de mi dedo
que dispara la manguera con la que riego!
¡Qué maravilla vivir para verlo,
qué maravilla la mera existencia!
Y así creció este que habla,
creció el jardín y sus plantas calladas.
