¡Ah, el miedo!
Ese miedo que duerme
debajo de la cama
y no deja que me aliste
y me ponga bonita
para que vengas a verme.
Que se camufla
entre algún milagro inútil
y se queda viviendo en las vigilias.
¿Decir no
y tener la felicidad como limosna?
¡Es como si un fantasma que me espía,
me cerrara la boca!
Y el miedo infame riendo en la mañana
y saltando sobre sus propias huellas,
porque sabe que no tuve el valor y la osadía
para dejar que alumbres mis días con un sol diferente.
¿Por qué no permitir, que cruces esa entrada?
Dejar el miedo a un lado, para que a grandes pasos
me traigas ese coro sublime en la mañana
y me beses sin pausa…con los ojos cerrados.
