Tú, Señor, autor de todo
y creador de mi vida,
de mi ser y de mi entorno,
fuente de amor sin medida,
Tú, el Todopoderoso
mi alimento y mi energía,
Tú te encarnas por nosotros,
te das en la eucaristía,…
¿Qué puedo hacer yo por Tí?
¿Puedo edificarte un templo?
Lo que me pides a mi
es que dedique mi tiempo
a disfrutarte y sentir
que nos habitas por dentro.
La vida es plena y feliz
acogiéndote en Adviento.
Quiero dejarte ser Dios
dejándome hacer, confiado,
ver que desbordas tu amor
en mi y en todo lo humano.
Ir contigo tras tu voz
a la escucha, en tus manos,
pues Tú quieres lo mejor,
para eso nos has creado.
Quieres el bien para todos,
sin ninguna excepción.
A ninguno dejas solo,
habitas el corazón
con ese amor cariñoso
que desborda la razón
y nos mueve presurosos
a compartir tanto don.
Haz que te ponga en el centro,
que te siga a todas partes,
que siempre salga a tu encuentro
en los pobres, en las calles,
y acompañe en su tormento
a quien no comparte planes,
y dé vida a fuego lento
aliviando sus afanes.
Tu deseo es que en la mesa
del día de Navidad,
la familia esté completa
con toda la humanidad.
Lo anunciaron los profetas,
será posible la paz,
marcharemos por tus sendas
de amor y fraternidad.
Si somos lo que acogemos,
lo que llena el corazón,
este Adviento preparemos
una cuna al Niño Dios,
habítanos bien por dentro,
sácianos y cólmanos.
Tu presencia llevaremos,
al mundo, a cada rincón.