¿Adónde te fuiste, mamá?

¿Adónde te fuiste, mamá?

​Echo tanto de menos tu mirada acariciando mis esperanzas, y tu voz tan suave susurrándome que nunca se va el amor.

​Por la noche, ya no estás conmigo para besar mis sueños cuando me duermo. Y tus brazos ya no envuelven mi pesar.

​¿Adónde te fuiste y por qué? ¿Será que hice algo malo? ¿Será que ya no merezco ser amada?

​Los días están tan vacíos de ti, y las noches están llenas de preguntas sin respuestas. Sólo queda inseguridad. Ya no me toma de la mano mi mamá cuando tengo que avanzar.

​Pero, aun así, quiero que estés orgullosa de mí. Así que, si lloro mucho, es sólo por dentro, te lo prometo. Para que cuando vuelvas —porque volverás, ¿verdad, mamá?— no creas que te guardo rencor. Para darte la prueba de que merezco ser amada.

​¿Adónde te fuiste, mamá?

4 Me gusta

No quería hacer este comentario. Este texto me deja sin aire. Es la voz de un niño que no entiende la ausencia y se culpa por ella.

“¿Será que hice algo malo? ¿Será que ya no merezco ser amada?” — esa pregunta es devastadora. Convierte el abandono en un fallo propio.

Lo que más me rompe es “si lloro mucho, es sólo por dentro, te lo prometo”. Guardarse el dolor para merecer el regreso. Para no asustarla cuando vuelva.

No hay reproche, solo una súplica: “quiero que estés orgullosa de mí”. El amor de una madre no debería condicionarse, pero aquí el niño lo pone todo para ganárselo de nuevo.

Duele porque es verdad. La inseguridad que deja una ausencia no se llena con respuestas. Se llena con fantasma.

1 me gusta