Adiós sin despedida
Soy Otelo, rastreo el paso de tu aliento,
en cada rincón tu presencia.
Eres aroma en cada suspiro;
es la despedida que aún no dice adiós.
El adiós no es verdadero, mientras
el alma lo tenga prisionero;
cautivo en melodías, en risas,
en disputas que quebraron la armonía.
La despedida deja sabor ácido,
duele el paladar como bisagra
oxidada,
y duele que el adiós no tenga raíces.
¡Estoy aquí! Tejiendo con retazos el despido
al tiempo que revivo lo perdido.
¡Estas acá! Nube opaca que no sabe
despedirse, y eres la tempestad que
huracana afectos.
Eres la cobarde soledad que se alimenta
de ecos y sombra entre las ruinas,
añoro sembrar en tierra yerta,
un adiós, al fin un adiós,
con despedida.