Acto III: Puñal de corazones eternos

(Ep 1 - LÁGRIMAS PERDIDAS)

Fragmento de… Puñal de corazones eternos

Finalmente llegaste como soplido,
felicidad por montón.
Estabas ahí, al final de la colina,
sentada, esperándome.
Corrí.
Por fin era feliz.

Pero al llegar, quedaba el silencio,
notas sin abrir,
un vacío despreciable,
imágenes de toda una vida perdida.

Un puñal sentí en este corazón eterno.
No hubo lágrimas, solo ceño frustrado.
No hubo gritos, silencio absoluto.
No hubo reproches, solo vacío en el alma.

Mire el viejo cielo,
esperando un milagro:
verte una vez más.

La tristeza me alcanzó.
Ojos en la tierra,
manos en los bolsillos,
párpados insoportables.
Inaguantablemente… bella, bella.

Regresé a las colinas de sangre,
sin motivo claro.
Acostado en el fresco pasto,
descansé otros mil años,
esperando volver a ver tus ojos.

No importaba si pasan mil años más;
la espera he de aguantar,
hasta encontrarte en ese mismo lugar.

¿Tendrás frío?, ¿tendrás sed?
¿Habrás bebido?, ¿habrás comido?
¿Me habrás recordado?, ¿me habrás llorado?
¿O me habrás olvidado…?

Una estrella para ti busqué,
fondo resaltante
en el intenso vacío de la nada.
Luz que destaca sobre lo común,
acto de mayor conciencia,
acto de amor real.

Busqué un lugar mejor para descansar,
no tan lejos de ti.
Donde aún podía oler tu perfume en las flores,
ahí me quedé, una vez más.

Tómate tu tiempo,
mi cuerpo aún resiste,
mi amor, leal, persiste,
mi esperanza perdurará.
Y, una vez más, te volveré amar.

Pasaron novecientos noventa y nueve años,
como un solo suspiro.
Un párpado bañado en luz,
explosión de sentimientos:
te volvería a ver.

Tan pronto, tan cerca, te sentí.
Volví otra vez, aquella colina,
donde los recuerdos nacen.
Felicidad me cubría,
caminaba lento, respiraba despacio.

Entonces vi, a lo lejos,
cuerpo brillando como estrella,
silueta blanca sofocando el viejo atardecer.
Era ahí, donde te vi.

Ni una palabra, ni un hola,
firme estabas, soldado sin emociones.
Yo te miré…
eras lo único que amaba.

Caí rendido ante tus ojos.
Piernas pesadas, cuerpo gastado,
ojos cansados.

Te vi y caí sobre aquel pasto.
Morí en ese instante…
pero, por un instante, no importó.
Al verte, todo tenía sentido.
La espera valió la pena,
verte una última vez me bastó.

No recuerdo más de ti, solo frío:
el frío de un puñal
en este corazón eterno.

Nota: Muchas gracias por leer

3 Me gusta