Paso de la veneración ciega
a la filosófica carnicería,
al conflicto de la abstracción
de la fragilidad absoluta,
a la bilis que blanquea los restos óseos.
Llevo la narrativa del pensamiento
al extremo anatómico
de la construcción de una voz
que usa el verbo como contacto físico.
No basta con dudar;
hay que leer entre líneas
los renglones torcidos que nos increpan.
No hay acto creador
si no es biológico,
casi “sucio”…
en descomposición,
un apunte de desarrollo estético,
una metáfora de santidad.
Una fuerza inusitada acude a los sentidos, un movimiento sugerido en la abstracción como un cuerpo que procesa la kinesfera para alcanzar lo sorprendendente. En ese espacio personal en que se cumple la función dinámica de la palabra, hay un límite, el conocimiento; y como he dicho antes, el hallazgo es directamente proporcional al conocimiento.
Aplausos @Fernando. Un gran Hallazgo.
Muchas gracias por tu lectura, compañero. Me ha fascinado cómo has identificado ese movimiento en la abstracción, casi como una coreografía de la palabra en su propia kinesfera.
Tienes mucha razón: el hallazgo no es un accidente, sino esa chispa que ocurre justo en el límite de lo que conocemos, cuando decidimos estirar la frontera. Me alegra mucho que este texto te haya sugerido esa fuerza dinámica.
Un abrazo y gracias de nuevo por el análisis tan agudo.
Muchas gracias por tus palabras. Me alegra mucho saber que te hayas detenido a caminar por esos versos y que el poema te haya transmitido esa esencia de lo invisible. ¡Un gran saludo para ti también!
Qué hermosas palabras, María. Saber que mis versos te han invitado a la reflexión es el mejor regalo que puede recibir quien escribe. Gracias por tu sensibilidad y por detenerte a mirar ‘dentro’. ¡Otro abrazo para ti!
Exactamente. Esa metamorfosis constante es la que nos permite avanzar; aceptar que el fin de algo es siempre el abono de lo que está por venir. Me alegra que el poema te haya evocado esa ley universal de cambio. ¡Muchas gracias por tu lectura y un saludo cordial!