Abre los ojos

i bien pude abrir, paulatinamente, mis ojos tímidos bajo el haz de luz solar que se filtra, ínfimo, entre la hendija de las ventanas.

¿Entonces esta es mi vida? ¿Y adónde ha ido mi alma?

He roto mis huesos y adorado grandes árboles, estatuas y castillos, pero a veces la desgracia pasa desapercibida y se esconde cuando contemplo la simplicidad del paisaje.

No sé si sean las flores o los temporales; cada tanto mudo de piel y me acuesto en mi cama. Como bajo un encanto o un hechizo, uno es vanamente poseído por la nostalgia de sus vidas.

Si bien pude abrir mis ojos, también los he cerrado. ¿A eso cómo lo llamas: descansar o soñar?
Quedé obnubilado cuando presencié las bóvedas estrelladas de una noche silenciosa.

¿Y recuerdas?

Tus pies descalzos y tus primeros pasos.
¿Cómo llamas a eso: felicidad o supervivencia?

Y cuando nadie atina a responder el teléfono, y las notificaciones no existen…
La noche es, curiosamente, una posesión personal, porque, aunque creo ser la única persona que la está observando,
¿cómo hacer mías también las miradas de quienes la contemplan?

¿Y a eso cómo lo llamas: soledad o vivir el presente?

4 Me gusta