Ven, abrázame
y funde con tu fuego mi materia.
Quema mi cuerpo, abrasa mis sentidos,
muerde mis labios,
desgarra mi vestido.
Hazme girar en loco torbellino
de fiebre y de deseo,
y no lo cuentes luego:
¡Que nadie sepa las orgías que mantenemos
en nuestras cortas noches!
¡Que nadie sepa las mieles que bebemos,
ni el ansia que me agita, matándome por dentro!