Titilan tus ojos azules en mí
como los luceros
de la noche más bella.
Transparentes,
como suspiros de cristal,
en tu carita
de niña traviesa,
buena,
como no ví a nadie ser.
Y la calma,
con sólo saber
que estás
jugando en mi corazón.
Dándome caricias
como nunca hubiera podido soñar.
Caricias,
verdaderas
de las que pueden salvar
a una vida.
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