A mí padre Perfecto
por Maquinista Mute ©
¿De qué nos sirve
ser centellas en el firmamento,
si el ocaso siempre trae prisa
por pisotear la esperanza?
Un dos de agosto murió la esperanza.
Quince años han pasado, padre,
y tu recuerdo prevalece
en la memoria colectiva
de los que te queremos.
Mi madre habla de ti,
te tiene vivo, y te recuerda
por lo que fuiste.
Mi familia guarda tu partida
como un silencio que no se olvida.
Sigo extrañándote
y reclamando al tiempo
por no dejarte estar más con mi hija.
Padre,
ya voy viejo,
y no soy la mitad de sabio que tú;
tampoco soy tan amado
como tú lo fuiste.
Pero aquí sigo,
y seguiré siendo aquel pequeño
al que le gustaba que le secaran
el cabello con una toalla.
Padre,
mi madre nos cuenta
cuánto amabas a cada uno de tus hijos.
Éramos todo para ti.
Fuiste el padre que tú nunca tuviste,
y yo solo quiero ser
el diez por ciento del padre que tú fuiste.
Estás en el libro de la vida de Jehová,
y estoy seguro de que te volveremos a ver.
Ya te tengo reservado
un puñado de mar y sus estrellas:
ahí estaré para ti, para recibirte.
Con el calor y la fuerza del mar,
el Sol te extraña,
ese que en tu piel morena
había tatuado su amor en ti.
Padre,
cada vez que soy más viejo,
amo más el mar
y sus estrellas mojadas.
Gracias por ser mi padre, Perfecto.