Se dice que a caballo regalado
no se le miran por pudor los dientes,
por no querer pecar de irreverentes
sacando a relucir cualquier fregado.
Porque no se recibe de buen grado
que resulten haber causas pendientes,
si tras analizar los referentes
quedase el animal defenestrado.
Tanto que hacer jamás conviene el feo
cuando inocentes son las intenciones
e incluso incalculable el beneficio,
cuando por evitar cualquier jaleo
bueno sería el demostrar con dones
tan honesto y fantástico servicio.