Hay días en que siento que alguien vive unos segundos antes que yo.
Cuando llego, las palabras ya han sido dichas. Las despedidas ya han dolido. Las alegrías ya tienen memoria.
Entonces comprendo que no camino delante de mi vida.
Camino siguiendo las huellas de alguien que tiene mi mismo nombre.
Quizá vivir no sea avanzar.
Quizá vivir sea alcanzar, una por una, las huellas que dejamos sin querer, hasta descubrir que también nosotros somos el recuerdo de alguien que aún sigue caminando.
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Es una reflexión poética deslumbrante. Capturas esa sensación de déjà vu y el peso del tiempo con un lirismo brillante; la idea de que vivimos alcanzando nuestras propias huellas es simplemente magistral. ¡Enhorabuena por un texto tan deslumbrante y hondo!
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Muchas gracias por tu lectura y por detenerte a compartir una impresión tan generosa. Me alegra, sobre todo, que la imagen de las huellas haya encontrado eco en ti. Como escritor, no hay mayor satisfacción que descubrir que un texto ha despertado una reflexión en otro lector. Un abrazo y gracias por el tiempo dedicado.
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Me encanta la progresión. Empieza como una queja por llegar tarde a tu propia vida y termina como un ciclo eterno donde el tiempo se desdibuja. ¡Me ha encantado! Saludos 
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Muchas gracias. Me alegra especialmente que hayas percibido esa progresión; era justamente el recorrido que buscaba, partir de una sensación íntima para terminar en una reflexión sobre el tiempo y la memoria. Gracias por leer con tanta atención. Un saludo.
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