Vino consagrado

Dios mediante, que al noble y al valiente,
asiento principal va concedido.
Ardua empresa, empeño sin descuido:
llevar antorcha insigne con la gente;

tan claro ya vislumbran en su mente,
su horrendo sacrilegio cometido:
¡que barbarie!, la sangre la han bebido,
horrando al fanfarrón que siempre miente.

¡Paganos despiadados, de su hermano
no rieguen más la sangre!, ¿necedad
impide ver ejemplo de cristiano?;

yo imploro con el cáliz en la mano:
Dulce Cristo, perdona su maldad…
¿mas al sorbo, también seré pagano?

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Muy bonito. Es un gusto leerte. Saludos cordiales.

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muy bueno soneto Lauro !

Muy complacido de tus lecturas, gracias

Gracias, aprecio mucho tu visita

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Muy bueno ese soneto

Espectacular el soneto. Me ha transportado a tiempos de Góngora y Quevedo.

Muchas gracias por tu visita, saludos cordiales.

ja, ja, será por el tema